miércoles, 05 de junio del 2024
 
Por Jair Robles
Columna: Iglesia y el estado laico
2016-07-31 | 09:45:22
El pasado jueves 28, último día de sesiones ordinarias de la LXIII legislatura del congreso veracruzano, se aprobó en segunda vuelta, la reforma al artículo 4to. Constitucional, denominada ¨Si Vida¨, que busca proteger la vida desde la concepción.

Con este acto concluye un largo proceso de negociaciones políticas entre la Iglesia y grupos afines a esta institución, con el gobierno estatal. Hace seis años, a finales del mandato del gobernador Fidel Herrera, se habría hecho el primer intento, los diputados de aquel entonces la aprobaron en primera instancia, pero una vez pasadas las elecciones ya no se volvió a votar. En términos coloquiales, se podría decir que a los jerarcas de la iglesia les aplicaron la Fideliña.

Basados en aquella experiencia, los grupos religiosos presionaron nuevamente y negociaron desde hace meses con el actual gobernador para que en esta ocasión no sucediera lo mismo.

Pasadas las elecciones y con los resultados adversos para el partido en el gobierno, la jerarquía católica en el estado no bajó los brazos. En días recientes el obispo de Veracruz salía en defensa del gobernador del estado mientras que por otro lado las presiones llegaron al grado de amenazar a los legisladores con demandas penales si la reforma no se llevaba a votación en este periodo.

El día de la votación llegaron al recinto legislativo del estado, grupos claramente identificados con la iglesia (monjas y sacerdotes, entre otros), para presionar a los diputados y diputadas para que se aprobara la reforma que estos mismos grupos de manera unilateral habían redactado y negociado con el gobernador.

Diversos organismos tanto nacionales como internacionales, se han pronunciado antes y después de su aprobación en contra de esta reforma, ya que contraviene tratados internacionales firmados por nuestro país y atenta contra los derechos humanos de las mujeres.

Pero en este caso lo que me parece aún más preocupante es la abierta intervención de la iglesia en asuntos que corresponden al Estado. Todos los mexicanos, seamos practicantes de alguna religión o no, tenemos derecho a participar y exigir a nuestros representantes que defiendan nuestros intereses, pero las leyes mexicanas y de la mayoría de las sociedades más avanzadas, marcan de forma muy clara la división entre el Estado y la Iglesia.

Los líderes religiosos, siempre han argumentado que su intervención es debido a que cuando la sociedad se aparta de los valores religiosos, se corre el riesgo de entrar en decadencia. Para ellos la ecuación es muy simple entre menos religioso sea uno, más decadente se es y lo mismo aplica para la sociedad entera.

Basados en esta percepción de superioridad moral, es que justifican su intervención en los asuntos que corresponden a las instituciones del gobierno. Y quizás para muchos, es tan grave la decadencia de nuestros gobernantes que también ven con buenos ojos y justifican la intervención de las instituciones religiosas en este tipo de asuntos.

Pero no solo estamos olvidando las lecciones de nuestra historia, sino que perdemos de vista que las evidencias de nuestra realidad actual también nos dan muestras claras de lo grave que puede resultar dejar que las decisiones de una sociedad moderna, se tomen en base a dogmas religiosos.

Las sociedades que el día de hoy son las más religiosas, (definidas como aquellas donde la fe en dios es fuerte y la participación religiosa es elevada), tienden a ser las sociedades con los índices de violencia más elevados, mientras que las sociedades más laicas, tienden a tener los índices más bajos.

De acuerdo al estudio global sobre homicidio, llevado a cabo por las Naciones Unidas en el 2011, de los 10 países con los índices de homicidio más elevados, todos son países muy religiosos, entre los que se incluyen Colombia, México y Brasil, que están considerados como unos de los países más religiosos del mundo.

De las naciones con los índices de homicidio más bajos, casi todos son muy laicos, entre los cuales destacan países como Suecia, Japón, Noruega y Holanda.

La violencia en las naciones se debe a muchos factores, tanto económicos, como políticos, sociales, y hasta ambientales. La religiosidad de la sociedad no es la causa, pero de alguna manera si influye, ya que lo que estas estadísticas reflejan no es una mera coincidencia. Los resultados de este y otros estudios, no demuestran una causa, pero si una correlación.

¿Cómo se puede explicar esta situación? ¿De qué manera influye la religión en que una sociedad sea más violenta? Si de acuerdo a lo que enseñan en la iglesia, es que es ahí donde se dan los valores morales que deberían de dirigir nuestra buena conducta.

De acuerdo a un estudio llevado a cabo por la Universidad de Chicago entre niños de 5 a 12 años de diversos países y que fue publicado el año pasado, se observó que aquellos niños educados en familias religiosas, tenían mayores tendencias a compartir menos y una inclinación a juzgar y castigar a otros por mal comportamiento.

Es decir, los niños educados de acuerdo a los valores religiosos, eran menos altruistas y menos tolerantes que los niños educados en familias menos religiosas.

Los dos grupos religiosos más significativos por su número dentro del universo de niños estudiado, eran el católico y musulmán.

Una de las conclusiones del profesor en Psicología y Psiquiatría de la Universidad de Chicago, que encabezó esta investigación es que: “Juntos, estos resultados revelan similitudes entre diferentes países, sobre como la religión influencia de manera negativa el altruismo de los niños. Desafía la percepción, de que la religiosidad facilita el comportamiento prosocial, y cuestiona si la religión es vital para el desarrollo moral -sugiriendo que la laicidad del discurso moral no reduce la calidez humana. De hecho hace lo opuesto”.

Estos resultados dan una nueva dimensión al debate sobre la participación del las religiones y la Iglesia en los asuntos de Estado. También comienzan a explicar cómo es que las sociedades más religiosas, son las más violentas.

La aprobación a las reformas del artículo 4to. de la Constitución del Estado de Veracruz, confirman esta tendencia provocada por las religiones, que prefieren juzgar y castigar como solución a problemas graves que sufre una sociedad en lugar de buscar la manera de resolverlos a través de la compasión, el amor y la empatía.

Si se quiere disminuir el número de abortos, esto se debe de hacer con educación sexual, acceso a métodos anticonceptivos, programas de prevención y servicios médicos accesibles y adecuados para todos.

Medidas todas, que son rechazadas por la iglesia en México. En este caso sí leyes más estrictas para aquellos que abusan sexualmente de las mujeres y niños, incluidos aquellos que se esconden detrás de las sotanas.

Permitir que los ¨valores morales¨ de una religión, la que sea, se vuelvan ley para todos en una sociedad plural, conlleva el riesgo de generar más división y confrontación en un país de por sí ya saturado de violencia.

Nosotros como ciudadanos y nuestros gobernantes debemos de mirar hacia las sociedades actuales donde se registran los menores índices de violencia, abortos, corrupción, etc. y copiar sus modelos de organización social e instituciones, si en realidad deseamos un mayor bienestar en nuestras comunidades, en lugar de repetir fórmulas dogmáticas que ya han demostrado su ineficiencia.





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